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El estatuto de 1815 dejaba a las provincias en libertad para organizarse institucionalmente, pero se hacía necesario crear un gobierno nacional y reunir el Congreso constituyente. Cada provincia eligió a sus diputados, que se reunieron en Tucumán. Una de las primeras cuestiones que debía tratarse era el nombramiento de un director supremo, para consolidar la autoridad del ejecutivo nacional. La elección recayó en Juan Martín de Pueyrredón, siendo recibida con gran satisfacción. La declaración de la independencia tuvo efecto el 9 de Julio de 1816. En la sesión de ese día, el secretario del Congreso formuló a los diputados la proposición de “si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España”.
Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama”. EL MOVIMIENTO DE EMANCIPACION SUDAMERICANA La revolución del 25 de Mayo de 1810 había sido comunal en su origen, pero en seis años se había extendido a todo el territorio del extinguido virreinato. Desde 1817, se transformó en continental por el genio de José de San Martín. Igual carácter asumió la revolución desencadenada en Caracas, mas no así las que estallan en otros puntos de América, México por ejemplo; el mismo año de 1810 San Martín y Bolívar son los grandes directores del importante movimiento de emancipación. LA CONTINUACION DEL SIGLO El 25 de Octubre de 1825 se reunía el Congreso Nacional Constituyente que reconoció finalmente a la Banda Oriental como Provincia argentina. El 1º de noviembre del mismo año el Congreso aceptó a don Tomás Javier Gomensoro como diputado representante de la provincia de la Banda Oriental. Esta actitud fue ya de franca hostilidad para el Brasil; pero sólo el 4 de Noviembre, cuando el ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina envió a su colega del Brasil una nota comunicándole que los habitantes de la Banda Oriental, por sus propios esfuerzos, habían recuperado la libertad del territorio ocupado por las armas de S.M.I., la República Argentina reconocía de hecho la reincorporación y se comprometía a la defensa y seguridad de la Provincia Oriental. En la sesión del Congreso argentino del 12 de Noviembre de 1825 se dio entrada al proyecto de ley de organización del Estado Mayor del Ejército. En seguida el Congreso votó los fondos para organizar la defensa, sancionándose el siguiente proyecto presentado por don José Segundo de Agüero: “El Congreso General de las Provincias Unidas del Río de la Plata, instruido de los nuevos esfuerzos que se prepara a hacer el emperador del Brasil para restablecer su dominación en la Provincia Oriental, reconquistada gloriosamente por el valor denonado de sus hijos libres: considerando que la guerra no se hace ya a la Provincia Oriental, sino a la Nación Argentina: que las provincias todas deben entrar para consumar la heroica empresa que principiaron por sí solos los orientales bravos: que la Provincia Oriental no va a ser sola el teatro de la guerra, sino que pueden serlo también las de Entre Ríos, Corrientes y Misiones: que en tan delicadas circunstancias, a más de ser necesario que las autoridades nacionales desplieguen una actividad infatigable, es igualmente preciso que los pueblos se presten a los sacrificios que demanda imperiosamente su seguridad y su defensa, e interín acuerda otras medidas que prepara para forzar al emperador del Brasil a que haga justicia al pueblo argentino; acuerda por ahora y decreta lo siguiente, etc.” Esto fue el comienzo de la guerra, que se inició en 1826 y terminó después de Ituzaingó, pero cuya declaración había hecho el imperio el 10 de diciembre de 1825.
En Abril del año 1916 fue elegido Presidente Hipólito Yrigoyen, jefe del partido radical, que tomó posesión el 12 de Octubre y mantuvo la política de neutralidad sostenida por sus antecesores durante la guerra mundial. En Enero de 1919 se declaró una huelga general revolucionaria en Buenos Aires. Al constituirse la Liga de Naciones, se apresuró la Argentina a ingresar en ella. El 12 de Octubre de 1922 fue elevado a la presidencia el doctor Marcelo Alvear; Yrigoyen fue reelegido presidente en 1928, pero por hostilidad manifiesta de la opinión pública se vio precisado a resignar los poderes en el Vicepresidente Enrique Martínez, que sin suficiente fuerza para resistir el movimiento revolucionario encabezado por el General Uriburu, hubo de dimitir, formándose un gobierno dictatorial, presidido por Uriburu, el 6 de Septiembre de 1930. Yrigoyen, que se había refugiado en el cuartel de La Plata, firmó su dimisión, las turbas saquearon su casa y el nuevo gobierno ordenó que lo trasladaran en calidad de prisionero a bordo del crucero General Belgrano. El 19 de Junio Uriburu sometió al pueblo un proyecto de reforma de la Constitución, que no prosperó, y el 20 de Febrero de 1932 fue elegido presidente de la República el General Agustín P. Justo para el período de 1932-1938. La presidencia de Agustín Justo fue sucedida por la del doctor Roberto M. Ortiz. Elegido en Noviembre de 1937, tomó posesión del cargo en febrero del año 1938. Por motivos de salud se apartó de la presidencia en julio 1940, y por fin renunció definitivamente en junio de 1942, siendo substituido por el vicepresidente Castillo, el cual había de ocupar el poder hasta febrero del año 1944, en que expiraba el mandato del doctor Ortiz. La situación económica del país se hacía difícil a causa de la baja de exportaciones por causa de la guerra y los obstáculos puestos al comercio exterior. En el interior también se hacía sentir la inquietud política, y la venalidad electoral hacía perder al pueblo la confianza en que unas nuevas elecciones mejorasen la dirección del país. El 4 de Junio de 1943, una revolución militar, -dirigida por el ministro de la Guerra, Pedro Pablo Ramírez y el general Arturo Rawson, derribó al Vicepresidente Castillo. Se constituyó un nuevo gobierno, presidido por Rawson, el cual formó un gabinete sin contar con la anuencia de los otros jefes de la revolución. No quiso aceptar la modificación de su gobierno y dimitió el cargo el día 6. Los jefes ofrecieron entonces la presidencia al general Ramírez, que había sido el verdadero jefe del movimiento. Sus intenciones consistían en curar el país de los males acarreados por el sistema de venalidad, fraude y corrupción administrativa entronizado en las altas esferas administrativas. El poder ejecutivo se consideró investido de un mandato excepcional, disolvió el Congreso, anunció que no se permitía volver a los partidos políticos a la gobernación del país hasta que hubieran alejado de sus filas el fraude y la venalidad, depuró enérgicamente la magistratura, proclamando el respeto a la Constitución y prometiendo restaurar su imperio una vez terminada la acción renovadora de la revolución, y gobernó por decretos-leyes.
Al mismo tiempo trabajó con eficacia en la mejora de la economía, esforzándose en repatriar las deudas extranjeras. Una nueva revolución en marzo de 1944, en la que perecieron intervenir, en favor del general Ramírez, ciertos elementos adictos al general Rawson, tuvo como consecuencia la renuncia del general Ramírez y su substitución por el vicepresidente general Farrell, con el coronel Perón en la vicepresidencia y en el cargo de ministro de la Guerra. En lo que respecta a la política internacional, el Gobierno revolucionario argentino siguió las normas de solidaridad continental adoptadas por el Presidente Castillo, y después del ataque japonés a Pearl Harbour concedió la Argentina a los Estados Unidos los privilegios de no beligerancia. Las actividades alemanas perturbaron la vida interior del país, y el 26 de Enero de 1944 la Argentina rompió sus relaciones con Alemania y Japón, y poco después con los Gobiernos de Bulgaria, Francia, Hungría y Rumania. Dentro de esta tónica, el Gobierno argentino siguió manteniendo su derecho a desarrollar una política personal e independiente en lo que se refiere a la vida internacional, aunque haciendo protestas de solidaridad con las Repúblicas hermanas. Los Estados Unidos hicieron objeciones a esta actitud, y en marzo de 1944 negaron su reconocimiento al Gobierno Farrell y llamaron a su embajador en Buenos Aires. El Gobierno argentino propuso en 1944 una Conferencia panamericana de ministros de Asuntos Exteriores, para tratar de resolver el problema internacional que tenía planteado, a la vez que actuaba con decisión para hacer desaparecer los obstáculos que se opusieran a su revolución. El día 27 de Marzo de 1945 declaró la guerra a Alemania y al Japón, con lo que se situó al lado de las demás Repúblicas americanas; el 6 de Julio el presidente Farrell prometió convocar elecciones y restituir el país a la normalidad constitucional, y el 6 de Agosto fue levantado el estado de sitio, que regía desde Diciembre de 1941, con la declaración de que el régimen revolucionario entraba en una nueva etapa. Como la oposición al régimen, a pesar de esto, se fortalecía y hubo algunos movimientos sediciosos de carácter militar, fue restablecido a fines de septiembre el estado de sitio. La situación siguió confusa por unos días, y el 9 de Octubre de 1945 el coronel Perón, contra el cual iba dirigido el movimiento contrarrevolucionario, dimitió sus cargos en el Gobierno, y fuera de él desarrolló una campaña demagógica que le dio el dominio de las masas, con lo que logró que el poder, controlado por sus partidarios, adelantara las elecciones. El partido Laborista proclamó a Perón candidato en enero de 1946; frente a la fórmula Perón-Quijano se constituye la Unión Democrática, integrada por socialistas, comunistas, demócratas, progresistas y otros elementos, alrededor de Tamborini-Mosca. Las elecciones de 24 de Febrero fueron favorables a Perón, el cual el 4 de junio se posesionó de la presidencia, después de reingresar en el ejército con el grado de general. El nuevo presidente explicó en el mes de noviembre el alcance del Plan Quinquenal propuesto por su iniciativa. En el interior la oposición de la gran Prensa, de las minorías y de la Corte Suprema fue contestada con medidas muy severas. Un nuevo triunfo del Gobierno en las elecciones del año 1948 permitió a Perón convocar una Convención para la reforma constitucional, la cual fue impuesta y promulgada el 16 de Marzo de 1949.
En 1954 y 1955 una situación de tirantez y finalmente de abierto conflicto con la Iglesia (firma de la Ley de Divorcio en Diciembre de 1954, supresión de ciertas fiestas religiosas en el calendario oficial y suspensión de la enseñanza religiosa en las Escuelas Públicas, en Marzo-Abril de 1955) provocó una seria tensión que se tradujo, el 16 de Junio, en incendios y otros desmanes y ocasionó el arresto de los obispos monseñores Tato y Novoa (con la consiguiente excomunión lanzada por el Vaticano). Dos días después estallaba una rebelión por parte de las fuerzas de Aire y de la Marina, que fue prontamente dominada. Nuevos y más graves incidentes ocurrieron durante el siguiente agosto; el día 31 Perón dimitía, pero a las pocas horas retiraba la dimisión. Finalmente, el 16 de Septiembre, habiéndose sublevado varias guarniciones, se trabaron combates en Buenos Aires y Córdoba donde se había constituido una Junta Provisional, y también se levantaba la mayor parte la Marina en Bahía Blanca y Puerto Belgrano.
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